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28.10.08

Boletín Electrónico Crecerahora N°53



Boletín Electrónico Crecerahora N°53


Luna Nueva de ESCORPIO
28 de Octubre de 2008
07:14 Hora Argentina - 08:14 Horario sin modificar
Recuerden el Ritual del Cheque de la Abundancia el 8 de enero: se hace la Luna Nueva. Si quieren leer los detalles fueron enviados en el Boletín Electrónico Crecerahora Nº1

Y los pedidos de esta luna, en el crecerahora N° 52
Pueden revisarlos en:
http://www.egrupos.net/grupo/crecerahora



Del Miedo a la Confianza
Por Oscar Anzorena*

“Ninguna pasión elimina tan eficazmentela capacidad de actuar y de razonar como lo hace el miedo” Edmund Burke


Cuando se gestiona el trabajo y se conduce a las personas bajo el paradigma de la empresa tradicional (mando-control), lo que se valora es la disciplina, la actitud de obediencia y la conducta de acatamiento. Este tipo de vínculos laborales generalmente se sustentan en un estado anímico colectivo de temor y de desconfianza mutua. Por el contrario, para lograr movilizar el conocimiento y la iniciativa colectiva, para aprovechar el talento, la creatividad y la capacidad de innovación que pueda aportar cada individuo, se requiere que las personas estén imbuidas y comprometidas con la visión y los objetivos de la empresa, motivadas con las tareas a realizar y que asuman una conducta de responsabilidad por los resultados. Todo esto sólo es posible en una cultura organizacional basada en la emocionalidad de la confianza.

Desarrollaremos algunos de los aspectos más relevantes de estos estados anímicos (el miedo y la confianza), centrando el análisis en las formas en que se manifiestan en ámbitos organizacionales y en cómo impactan en los comportamientos de los integrantes de las mismas.

El miedo

Pilar Jericó[1], una especialista que se ha dedicado a estudiar la emocionalidad del miedo en el ámbito empresario, sostiene: “Nadie lo reconocerá abiertamente, pero el miedo ha sido empleado como método de gestión en las empresas durante siglos (y se continúa empleando)”.

Generalmente relacionamos el concepto de miedo con la reacción emocional ante una situación de peligro. Sin embargo, cuando lo analizamos como emocionalidad organizacional nos referimos al miedo como un estado de ánimo que perdura en el tiempo. Actúa como trasfondo en los comportamientos de las personas, tiñe las relaciones y persiste como un componente distintivo de la cultura organizacional.

El miedo puede manifestarse de diversas formas y en distintos niveles de intensidad. Puede ir desde el malestar temeroso hasta el pánico. Cuando hablamos de la “gestión por el miedo”, nos referimos al temor de baja intensidad pero de larga duración.

Es muy diferente si se trata de una emoción de miedo que surge como reacción a un hecho puntual en una circunstancia específica, que cuando se instala un estado anímico de temor como forma de interacción y convivencia organizacional. Ambas emocionalidades difieren en las formas en que se expresan, en las consecuencias que generan en el comportamiento y en el impacto que pueden tener en la salud y en la calidad de vida de las personas. El estado de ánimo de temor en el ámbito laboral es uno de los más frecuentes factores desencadenantes del estrés.
Cuando el miedo se produce como consecuencia de un evento determinado, como puede ser la discusión con el jefe o el problema con un cliente, una vez pasado ese momento se vuelve a reestablecer la situación normal y a trabajar en un clima de tranquilidad y distensión. Ante este tipo de acontecimientos todo nuestro sistema de alerta corporal se activa. La emoción del miedo se relaciona con el “estrés positivo” o eustrés, que se mantiene mientras perdura la situación y luego desaparece.
Muy distinto es el caso en que el estado de ánimo de temor se nos presenta en forma persistente y es parte del clima de trabajo que se respira en la organización. En la medida en que sentimos a nuestro ámbito laboral como un lugar de riesgo permanente, entramos en un estado de estrés continuo. Cuando se pasa de una “reacción de alerta” de una duración momentánea, a un “estado de vigilancia” constante, el sistema hormonal además de liberar adrenalina comienza a liberar corticoides que generan el estrés crónico o distrés, que afecta el sistema inmunológico y deja expuesto al organismo a contraer diversas enfermedades.
Este estado de ánimo de temor y de estrés continuo destruye nuestra motivación, va minando nuestra capacidad de acción, consume nuestras energías e imposibilita que despleguemos nuestro potencial. Esto no sólo tiene consecuencias a nivel de la baja del desempeño y la efectividad individual, sino que impacta en la productividad organizacional y en la competitividad empresaria. De personas que trabajan en un estado anímico de temor y desconfianza, se puede esperar obediencia, acatamiento y disciplina, pero nunca se puede pretender iniciativa, creatividad, implicación con la tarea, ni compromiso con la organización.

La gestión por el miedo es uno de los factores que frenan el desarrollo del talento y el aprovechamiento del conocimiento colectivo. Muchas veces las empresas confunden sumisión con lealtad y no toman conciencia de los costos de los estilos autoritarios de conducción. Pfeffer y Sutton[2], dos investigadores de la Universidad de Stanford que estudiaron la problemática de la gestión del conocimiento, afirman que: “En todas y cada una de las organizaciones que no lograron traducir el conocimiento en acción, observamos que predominaba una atmósfera de temor y de desconfianza”.

Una de las características centrales de la emocionalidad del miedo es que posee una dimensión temporal que vincula el presente al futuro. Como señaláramos anteriormente, todas las emociones están situadas en determinadas coordenadas temporales. Por ejemplo, los estados emocionales de bronca o resentimiento están relacionados con algo que aconteció. Al igual que el odio, la gratitud o el agradecimiento vinculan al presente con el pasado. Nunca sentimos enojo por algo que vaya a pasar, sino por algo que sucedió.

Por el contrario, hay estados de ánimo que están relacionados a sucesos que pensamos que pueden llegar a suceder y que surgen a partir de nuestras expectativas sobre los acontecimientos futuros. El estado de ánimo de temor es uno de ellos. Es una emocionalidad que emerge cuando pensamos que algún acontecimiento o circunstancia -real o imaginaria- puede causarnos un daño o llegar a perturbar nuestra calidad de vida.

No sentimos temor por algo que pasó sino por lo que pensamos que puede acontecer. No obstante, esto que suponemos que puede acontecer es probable que esté basado en experiencias pasadas. Si retomamos la distinción que realizamos entre la emoción de miedo que surge como reacción ante un hecho puntual y se disipa concluido el mismo y, por otro lado, el estado de ánimo de temor que se instala, persiste en el tiempo y actúa como trasfondo de nuestro accionar, podríamos decir que para que se emplace este estado anímico a nivel organizacional, seguramente deben de haber sucedido unas cuantas situaciones en el pasado que fundamenten el juicio de que pueden volver a suceder.

Cuando se instala la emocionalidad del miedo, entramos en un estado de alerta continuo frente al supuesto “peligro”. Este “peligro” puede estar constituido por la posibilidad de perder el empleo, el maltrato del jefe, no lograr un ascenso, ser trasladado de área o situaciones mucho más sutiles. Las empresas que emplean estos métodos de control, despliegan un conjunto de mecanismos basados en el conocido paradigma del “palo y la zanahoria”.

Más allá de cuan real o ficticio pueda llegar a ser el “peligro” percibido, lo relevante es que una vez que se emplaza el temor como ánimo permanente, condiciona nuestras expectativas sobre el futuro y nuestra capacidad de acción en el presente. Pfeffer y Sutton sostienen a modo de conclusión de su investigación que: “Las pruebas disponibles son bastantes convincentes: conducir una empresa basándose en el temor y la desconfianza no sólo es inhumano, también es un mal negocio”.

Todo sobre Aromaterapia:



La confianza
Esta misma cualidad de vincular el presente con el futuro la posee la emocionalidad de la confianza. Cuando estamos en un estado de ánimo de confianza sentimos que no hay nada de qué preocuparnos. Actuamos desde una sensación de seguridad y poseemos una expectativa positiva del futuro. El estado de ánimo de la confianza surge ante una interpretación de un futuro que nos parece previsible y tranquilizador.
Cuando decimos que tenemos confianza en una persona, lo que estamos diciendo es que poseemos un alto nivel de seguridad con respecto a su conducta futura. Confiamos que es muy probable que haga determinadas cosas y que no haga otras. La confianza siempre supone un juicio sobre el futuro y es por esto que condiciona tan fuertemente nuestros comportamientos.
Podemos imaginar cualquier situación, ya sea a nivel personal o laboral y podremos corroborar los distintos comportamientos que adoptamos en una emocionalidad de confianza o de desconfianza. Si tenemos confianza en un amigo, en nuestra pareja, en un proveedor o en un cliente, vamos a suponer que van a actuar dentro de lo acordado, que van a mantener su palabra y que van a honrar sus compromisos, y esto nos da seguridad y tranquilidad.
Por el contrario, si en cualquiera de estos casos sintiéramos desconfianza, si tuviésemos temor de que no actúen de acuerdo a lo preestablecido, si pensáramos que existe la posibilidad de que no sean sinceros en lo que nos dicen o que no tengan la intención o la capacidad para cumplir con los acuerdos establecidos, nuestro comportamiento sería notablemente diferente. Tomaríamos recaudos, no estableceríamos el compromiso, nos alejaríamos de nuestro amigo o cambiaríamos de proveedor. La mutua confianza es la emocionalidad necesaria para coordinar acciones entre las personas (ver del mismo autor “El trasfondo de confianza”).
Si bien puede ser que alguien que acabamos de conocer nos inspire confianza, generalmente este sentir surge como resultado de un proceso de construcción conjunta que se realiza entre las personas, ya que implica un juicio sobre el proceder del otro y de cómo este comportamiento puede afectar o influir en nuestro horizonte de posibilidades. Pero así como para adquirir confianza necesitamos un tiempo y una experiencia conjunta en la que podamos observar y evaluar la conducta de la persona, paradójicamente la pérdida de la confianza es algo que sucede muy rápidamente. Una acción que defraude la confianza conferida, generalmente es motivo para que cambiemos nuestra actitud y nuestra emocionalidad. Hay un dicho que da cuenta de este fenómeno y dice que “la confianza crece con la lentitud de la palmera y cae con la rapidez del coco”.
La emocionalidad de la confianza está sustentada en tres pilares, que se construyen en base a los juicios que realizamos sobre la credibilidad, la previsibilidad y la responsabilidad de las personas.



El juicio de de la credibilidad está a su vez basado en dos comportamientos que desarrollan los individuos que consideramos creíbles: la sinceridad y la idoneidad.
La sinceridad: consideramos a alguien sincero cuando suponemos que existe una correlación entre lo que piensa y lo que dice. Cuando percibimos una congruencia entre su mundo interno y externo. Cuando podemos constatar que sus conversaciones reflejan sus pensamientos y convicciones y que, por lo tanto, es alguien que no miente, no oculta información, ni evade decir lo que piensa.
La idoneidad: Esta característica se la atribuimos a quienes consideramos que poseen las competencias necesarias para realizar en forma efectiva la función que desempeñan. Pensemos qué confianza le podemos tener a alguien a quien no consideramos idóneo para efectuar las acciones a las que se compromete.Esto se torna un tema crítico en relación a las personas que ejercen un rol de liderazgo, ya que para otorgarle autoridad partimos de la presunción de que ejecutan con idoneidad no sólo sus tareas específicas, sino también su función de conducción. El liderazgo sólo puede ser viable en una emocionalidad de mutua confianza que lo sustente.

La previsibilidad es la característica que surge cuando alguien a lo largo del tiempo demuestra un comportamiento que coincide inexorablemente con las pautas establecidas, con los valores declarados y con los compromisos contraídos. Decimos que una persona es coherente y previsible cuando existe un correlato entre lo que dice y lo que hace, cuando consideramos que sus acciones están en sintonía con lo que proclama desde la palabra y evaluamos que no nos sorprenderá con algún tipo de comportamiento imprevisto. Las personas predecibles nos dan seguridad y le quitan incertidumbre al futuro.
En muchas empresas los empleados manifiestan una gran desconfianza ya que perciben que las acciones que realizan quienes conducen, no son coherentes con los supuestos que pregonan. Que por un lado están la visión y los valores declarados y por el otro están las conductas cotidianas hacia los empleados y los clientes. Un caso paradigmático de esto fue la empresa Enron que llegó a ser la sexta en facturación en Estados Unidos y que en el 2001 fue declarada en quiebra debido a la estafa cometida por 29 de sus directivos. Sin embargo, declaraba que uno de sus principales valores era la integridad.
Nathaniel Branden[3] sostiene que: “La coherencia y la previsibilidad inspiran confianza. Si sentimos que no sabemos cómo puede actuar un líder ante alguna situación particular, no podemos sentir confianza. Si una persona es a veces sincera y otras no, a veces justa y otras no, a veces respetuosa de sus valores y otras no, quizá todavía seamos capaces de apreciar en ella otras virtudes, como la inteligencia, la energía, el entusiasmo o la creatividad, pero no sentiremos confianza. Y cuando no confiamos raramente damos lo mejor de nosotros mismos”.

La responsabilidad es el atributo que les conferimos a las personas que asumen sus compromisos y cumplen sus promesas. La efectividad y productividad de cualquier equipo u organización está determinada por su competencia para establecer compromisos y coordinar acciones. Cuando presuponemos que con quien establecemos un compromiso es una persona que actúa con responsabilidad, inferimos que realizará en tiempo y forma aquello a lo que se ha comprometido y que se hará cargo de cualquier eventualidad y contingencia que pudiera acontecer. Evidentemente, este comportamiento genera confianza.
[1] Jericó Pilar, “NoMiedo”, Alienta, Barcelona, 2006

[2] Pfeffer Jeffrey y Sutton Robert, “La brecha entre el saber y el hacer”, Granica, Bs. As., 2005

[3] Branden Nathaniel, “La autoestima en el trabajo”, Paidós, Barcelona, 1998

Fuentes de Agua

informes y pedidos a: info@crecerahora.com.ar

Boletín Electrónico Crecerahora N° 52 Pide y se te dará - Luna Nueva de Escorpio




Boletín Electrónico Crecerahora N° 52

Pide y se te dara

¿A qué prestas atención?
Aquello a lo que prestas atención hace que emitas una vibración, y las vibraciones que ofreces equivalen a lo que pides, lo cual equivale a tu punto de atracción.
Si en estos momentos deseas algo que no posees, sólo tienes que centrar tu atención en ello y, en virtud de la Ley de Atracción, lo obtendrás, porque cuando piensas en ese objeto o experimentas lo que deseas, emites una vibración, y según esa Ley de Atracción, obtendrás ese objeto o esa experiencia que deseas.
Ahora bien, si deseas algo que en estos momentos no tienes y centras tu atención en el hecho de que no lo tienes, la Ley de Atracción seguirá respondiendo a la vibración de que no lo tienes, de forma que seguirás sin obtener lo que deseas. Así funciona esta ley.
¿Cómo puedo saber qué atraigo?
La clave para atraer algo que deseas hacia tu experiencia consiste en alcanzar una armonía vibratoria con lo que deseas. La forma más sencilla de alcanzar esa armonía vibratoria es imaginar que ya tienes lo que deseas, fingir que ya forma parte de tu experiencia, hacer que tus pensamientos se deleiten con la experiencia, y a medida que practiques esos pensamientos y empieces a ofrecer sistemáticamente esas vibraciones, facilitarás que lo que deseas pase a formar parte de tu experiencia.
Ahora bien, si prestas atención a lo que sientes, te será fácil averiguar si diriges tu atención a tu deseo o a la ausencia de él. Cuando tus pensamientos coinciden a nivel vibratorio con tu deseo te sientes bien, la gama de tus emociones pasa de la satisfacción a la expectativa, al anhelo, a la alegría. Pero si prestas atención a la falta, o la ausencia, de lo deseado, tu gama de emociones pasa del sentimiento de pesimismo a la preocupación, al desánimo, a la ira, a la inseguridad y a la depresión.
Así pues, en la medida en que seas consciente de tus emociones, siempre sabrás si facilitas esa parte de tu Proceso Creativo, y no volverás a interpretar erróneamente el motivo por el que no consigues lo que anhelas. Tus emociones constituyen un maravilloso sistema de guía, y si les prestas atención podrás orientarte hacia lo que deseas.
Te guste o no, obtienes aquello en lo que piensas
Según la poderosa Ley de Atracción, atraes hacia ti la esencia de lo que ocupa predominantemente tu pensamiento. De modo que si piensas sobre todo en las cosas que deseas, tu experiencia vital reflejará esas cosas. Por el contrario, si piensas ante todo en lo que no deseas, tu experiencia vital reflejará esas cosas.
Pienses lo que pienses, es como planificar un acontecimiento futuro. Cuando valoras algo, lo planificas. Cuando algo te preocupa, lo planificas. (Preocuparse es utilizar tu imaginación para crear algo que no deseas.) Cada pensamiento, cada idea, cada Ser, cada objeto… todo es vibratorio, de forma que cuando centras tu atención en algo, siquiera durante un breve espacio de tiempo, la vibración de tu Ser comienza a reflejar la vibración de aquello a lo que prestas atención. Cuanto más piensas en ello, más vibras como ello; cuando más vibras como ello, más atraes a aquello que se corresponde con tu vibración. Esa tendencia en materia de atracción aumenta hasta que ofreces una vibración distinta. Y cuando ofreces una vibración distinta, las cosas que coinciden con esa vibración son atraídas hacia ti, por ti.
Cuando comprendes la Ley de Atracción deja de sorprenderte lo que ocurre en tu experiencia, pues entiendes que eres tú quien lo ha propiciado, a través del proceso de tu pensamiento. No puede ocurrir nada en tu experiencia vital que tú no hayas propiciado a través de tu pensamiento.
Puesto que no existen excepciones a la poderosa Ley de Atracción, resulta sencillo comprenderla. Y cuando comprendas que consigues aquello en lo que piensas y, lo que no es menos importante, cuando seas consciente de lo que piensas, podrás ejercer un control absoluto sobre tu propia experiencia.
¿Son muy grandes tus diferencias vibratorias?
Te pondré unos ejemplos. Existe una gran diferencia vibratoria entre tus pensamientos de apreciación hacia tu pareja y tus pensamientos de lo que te gustaría que fuera distinto en tu pareja. La relación con tu pareja, sin excepción, refleja la preponderancia de tus pensamientos. Porque, aunque quizá no seas consciente de ello, al pensar en tu relación haces literalmente que ésta cobre vida.
Tu deseo de mejorar tu situación económica no puede cumplirse si envidias la buena fortuna de tu vecino, porque la vibración de tu deseo y la vibración de tu sentimiento de envidia son distintas.
Comprender tu naturaleza vibratoria te ayudará a crear tu propia realidad de forma sencilla y deliberada. Luego, con el tiempo y la práctica, comprobarás que todo lo que deseas puede realizarse fácilmente, pues no hay nada que no puedas ser, hacer o tener.


Eres el invocador de tu Energía Vibratoria
Eres Conciencia.
Eres Energía.
Eres Vibración.
Eres Electricidad.
Eres Fuente de Energía.
Eres Creador.
Te hallas en Primera Línea del pensamiento.
Fragmento del libro Pide y se te Dará - Esther y Jerry Hicks


COMO SE TRABAJA CON LA LUNA NUEVA
EL MOMENTO ADECUADO

Venimos a recoger lo que sembramos. Si sabemos lo que queremos cosechar en nuestras vidas (los sueños que queremos hacer realidad) y si plantamos las semillas en el momento apropiado, podemos manifestar los sueños de nuestro corazón.
Vamos a conocer el momento preciso y más poderoso para pedir un deseo utilizando la magia que se libera durante los poderosos ciclos astrológicos.Al buscar la Luna Nueva para cada mes, podrás ver la fecha y el momento exactos, así como el signo en que cual se encuentra.
Los deseos no siempre se cumplen completamente en el ciclo de 29 días, pero una vez que la semilla ha sido plantada, se hará realidad en los meses siguientes.
La experiencia me ha demostrado que se puede pedir un deseo hasta 48 hs después de la hora exacta de la Luna Nueva; no obstante, el momento mas poderoso esta dentro de las primeras 8 horas.
Siempre que te sea posible, ESCRIBE tu lista de deseos dentro de las 8 horas que siguen al momento exacto de la LUNA NUEVA.
Cuando pidas un deseo, confía en ti y armoniza con aquello con lo que tu energía resuene. La idea es estar en contacto con lo que realmente te gustaría que ocurriera y lo que te parece apropiado mientras absorbes la energía de la Luna Nueva del signo.Considera los atributos de cada Luna Nueva que vas a incluir en tu lista de deseos (hasta 10 máximo) con las cuales SIENTAS que quieres trabajar este mes.Las PALABRAS que utilices en tu deseo son muy importantes, no la gramática, sino el SENTIMIENTO suscitado por la forma en que cada deseo está redactado.Recuerda que tus deseos se harán realidad, es importante que no seas descuidado respecto a lo que pides.

LUNA NUEVA DE ESCORPIO
28 de Octubre
19:14hs. Hora Argentina de Verano

20:14 Hora Argentina sin modificación estival

info@crecerahora.com.ar

Fuente: libro Astrología de la Luna Nueva, de Jan Spiller

24.10.08

Boletín Electrónico Crecerahora N°51





Boletín Electrónico Crecerahora N°51



Mi hija me había telefoneado varias veces, para decirme: “Mamá, tienes que venir a ver los narcisos antes de que se acaben.” Yo deseaba ir, pero era un camino de dos horas desde Laguna hasta Lake Arrowhead. “Iré este martes”, le prometí con cierta renuencia, cuando llamó por tercera vez.
El martes amaneció frío y lluvioso. Sin embargo, había yo prometido, y manejé hasta allá a regañadientes. Cuando finalmente entré a la casa de Carolina, los gozosos sonidos de niños felices me dieron la bienvenida. Encantada, abracé y saludé a mis nietos.
“¡Olvida los narcisos, Carolina! ¡El camino está invisible con estas nubes y esta niebla, y no hay nada en este mundo, excepto tú y estos pequeños, que yo desee ver tanto como para manejar una pulgada más!”
Mi hija sonrió calmadamente y dijo: “Nosotros manejamos en estas condiciones todo el tiempo, Mamá.” “Bueno”, le aseguré, “no me harás volver al camino sino hasta que aclare, y entonces ¡será para encaminarme a mi casa!”
“Pero, primero, vamos a ver los narcisos. Son sólo unas pocas cuadras,” dijo Carolina. “Yo manejaré, estoy acostumbrada a esto.”
“Carolina”, dije firmemente, “por favor.”
“No te preocupes, Mamá, todo está bien, te lo aseguro. Nunca te perdonarías haberte perdido esta experiencia.”
Después de unos veinte minutos, doblamos a un angosto camino de grava y vimos un pequeño templo. Al otro lado del templo, vi un letrero hecho a mano, con una flecha, que decía: “Jardín de Narcisos.” Salimos del carro, cada una tomó a un pequeño de la mano, y yo seguí a Carolina por el sendero. Entonces, al doblar una curva, miré y quedé boquiabierta. Delante de mí estaba la vista más gloriosa.
Parecía como si alguien hubiera tomado una enorme tina de oro y la hubiera derramado sobre la cumbre del monte y sus laderas. Las flores estaban plantadas en majestuosos diseños arremolinados, grandes fajas y tiras de un anaranjado intenso, blanco cremoso, amarillo cetrino, salmón rosa, azafranado y amarillo mantequilla.
Cada variedad de diferente color estaba plantada en grandes grupos, de tal manera que se arremolinaban y ondulaban como un solo río, con su propio y único matiz. Había cinco acres de flores, unas dos hectáreas y media.
“¿Quién hizo esto?”, le pregunté a Carolina.

“Una mujer nada más”, me respondió Carolina. “Ella vive en este terreno. Ésa es su casa.” Carolina señaló una casa bien cuidada con una estructura en A, pequeña y modestamente asentada en medio de toda esa gloria. Caminamos hasta la casa.
En el patio, vimos un letrero. “Respuestas a las Preguntas que Yo Sé que Estás Haciendo”, decía el encabezado. La primera respuesta era una sencilla: “50, 000 bulbos.” La segunda respuesta era: “Uno a la vez, por una mujer. Dos manos, dos pies y un cerebro.” La tercera respuesta era: “Comenzó en 1958.”
Para mí, ese momento fue una experiencia-que-cambia-la-vida. Pensé en esta mujer a quien nunca había conocido, quien, hacía más de cuarenta años había empezado a traer, un bulbo cada vez, su visión de belleza y gozo a una obscura cima de un monte. Plantando un bulbo cada vez, año tras año, esta mujer desconocida había cambiado para siempre el mundo en que vivía. Un día cada vez, ella había creado algo de extraordinaria magnificencia, belleza e inspiración. El principio que su Jardín de Narcisos enseñó es uno de los grandes principios para celebrar.
Esto es, aprender a movernos hacia nuestras metas y deseos un paso cada vez –a menudo tan sólo un pasó de bebé cada vez- y aprender a amar el hacer, aprender a usar la acumulación de tiempo. Cuando multiplicamos minúsculos espacios de tiempo con pequeños incrementos de esfuerzo diario, encontraremos que podemos realizar cosas magníficas. Podemos cambiar el mundo…
“Me pone triste, en cierto modo”, admití a Carolina. “¿Qué hubiese yo logrado si hubiese pensado en una meta maravillosa hace unos treinta y cinco o cuarenta años, y hubiese trabajado esa meta ‘un bulbo cada vez’ a través de todos esos años? ¡Nada más piensa en lo que hubiera realizado!”
Mi hija resumió el mensaje del día en su manera directa usual: “Empieza mañana”, dijo. Ella estaba en lo cierto. Es tan sin sentido pensar en las horas perdidas del ayer. La manera de hacer del aprendizaje una lección de fiesta en vez de una causa de pesar es preguntar nada más: “¿Cómo puedo usar esto hoy?”


Usa el Principio Narciso. No esperes…


Hasta que tu auto o tu casa estén pagados.
Hasta que consigas un nuevo auto o casa.
Hasta que termines la escuela.
Hasta que regreses a la escuela.
Hasta que limpies tu casa.
Hasta que organices tu cochera.
Hasta que limpies tu escritorio.
Hasta que bajes cinco kilos.
Hasta que subas cinco kilos.
Hasta que te cases.
Hasta que te divorcies.
Hasta que tengas niños.
Hasta que los niños vayan a la escuela.
Hasta que tus hijos se vayan de la casa.
Hasta que te retires.
Hasta la primavera.
Hasta el verano.
Hasta el otoño.
Hasta el invierno.
Hasta que mueras…


No hay mejor tiempo que ahora para ser feliz.

La felicidad es un viaje, no un destino.
Así, trabaja como si no necesitaras dinero.

Ama como si nunca hubieras sido lastimado.
Danza como si nadie te estuviera mirando.
Te deseo un día precioso, un día narciso.
No tengas miedo de que tu vida termine, ten miedo de que no comience.
Gracias Carry por compartir

Solicitar archivo de capacitación en Feng Shi por mail, Indicando Bonbre, Apellido y localidad de Residencia: info@crecerahora.com.ar



Valiosa confusión
Centro Transpersonal de Buenos Aires
Gente peligrosa, la hay de toda índole. Sin embargo, queremos referirnos a un espécimen en particular (que, en ocasiones hasta resulta ser uno mismo, aún inocentemente!): la que lo tiene todo claro. Seamos más específicos... Si uno revisa la propia vida, seguramente hallará tramos en los que así funcionaba: total, absoluta e irrevocablemente seguro de que las cosas eran tal como uno las percibía; y, sin embargo, al paso del tiempo, advirtió (a veces con derrumbes estrepitosos) que estaba alucinado, equivocado, delirado, mirando un sólo ángulo de la cosa, negando otro... Sin embargo... ¡cuidado con quien osara siquiera sugerirnos que nuestra claridad estaba espesa! Es normal: necios hemos sido todos. El problema, más que errar, es, como dice el I-Ching, perseverar en el error; empecinadamente, año tras año... Pocas veces nos damos cuenta de cuánto así dañamos a quienes nos rodean, y aun a nosotros mismos (tal como, a gran escala, los fundamentalistas dañan a enormes grupos humanos!).

Etimológicamente "necio" significa "el que se sostiene en el no-saber": prefiere conservar la ilusión de que SÍ sabe, y de que los demás están equivocados o no le comprenden. ¿Qué nos está sucediendo cuando así obramos? Que evitamos con toda nuestras fuerzas, una sensación que nos da pavor: la de sumirnos en confusión, como si cayéramos a un abismo. Preferimos ese falso "estar seguros" a admitir algo que, en verdad, implicaría una gran valentía: "Estoy confundido". De hecho, "no tener las cosas claras", socialmente suele ser mal visto. Sin embargo, para poder arribar a una instancia de verdadera claridad respecto de cualquier asunto, necesitamos adiestrarnos en el arte de transitar la duda, la no-certeza. Quien se atreve a sostener, en esa penumbra, el signo de pregunta como una antorcha, encuentra realidades que la seudo-claridad jamás le hubiera permitido vislumbrar. Pues a toda reorganización psicológica hacia un estado más evolucionado le precede una confusión generatriz: el caos propio de todo génesis. ¡Bendito sea!

La Psicología Transpersonal toma del Budismo la invitación a "cultivar una mente inquisitiva, auto-cuestionadora": replantearse lúcidamente lo que damos por sentado, pues la realidad es cambiante, aunque a veces prefiramos concebirla como algo fijo, por temor a lo indeterminado. Sí: la realidad (la de nuestro mundo interno, la del afuera, y la de los demás...) es como una mariposa viva, en permanente aleteo; la mente fundamentalista y rígida lo que quiere es cazarla, pincharla en un cartón, escribir su nombre abajo, y contemplarla así: muerta. Cuando nos mantenemos en esa actitud, lo que en verdad hacemos es embalsamar nuestro propio espíritu; nos volvemos cerrados e intolerantes, aburridores y aburridos, ajenos a lo más valioso de la vida: la posibilidad de transformación.